Es tarde ya…

Es tarde ya en la noche
y la playa está desierta.

Rompe el mar
sobre las rocas.
Un aire cálido,
espeso de salitre
y de recuerdos,
me baña la cabeza.

Cierro los ojos.
Inhalo.
Me dejo llevar.
Y luego pienso,
como casi siempre
que me pasan estas cosas,
en Proust.

Pero no he leído
a Proust.
Qué importa.

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