Esa Luna de siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo
rasga mi piel con su delgada luz

Cae sobre mi pelo
con la levedad de una sirena
que no se hubiera dado cuenta
que no posee piernas

Solivianta mi sangre
me enciende de locura
me regala una piel fosforescente
y me convierte
aceite hirviendo
en fauna
(cascos y cuernos y cabello desbocado
bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)

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